Tema: CARTA A PASCUAL VIVAS.    Por: Mª Tecla Portela.

Pascual, mi viejo, mi querido, mi entrañable y secular amigo, ¡Tantas veces nos han dicho que nadie se encuentra, que todo no es sino un reencuentro, que llegamos a convencernos de ello! ¿Tú lo sabes, verdad? A ti te reencontré, una y mil veces más, en tu apacible retiro de San Esteban de Gormaz, como encontré a Martín Vázquez de Arce en su deslumbrante sarcófago de Sigüenza, a los Amigos Anaya en la quietud de su mirador salmantino o a tantos otros, nosotros mismos, el grupo de las Navas de Tolosa, que todos hemos batallado allí, como tú sabes, mientras tú rezabas y tus costillas recibían las magulladuras de la Infidelidad...

Hemos batallado en un tiempo sin finitud – porque, para nosotros, como para ti – nada de lo que de verdad existe acaba nunca... Entonces, ayer, ahora mismo, mañana y aun después... cuando, como tú, tengamos otra misión en esta lucha...

Nos reencontramos y, sin que nos diese tiempo - ¡cómo huye este condenado! - a darnos cuenta, tú, Pascual Vivas, eres nuestro adalid, el guía de la marcha al rescate del huido... Sí, vamos a rescatar no el tiempo sino al tiempo, como si fuese uno más y nos acompañase en busca de cuanto pretenden llevarse el olvido, la incuria y la ignorancia...

Pascual, te ha tocado: mándanos los planos, avísanos del peligro y no abandones la oración... que esta batalla es de las gordas y tus costillas lo saben. ¡Y que vivas, Pascual, que Vivas...!
Et nunc et semper

P. S. En cuanto lleguen las sombras de la tarde, con las llaves de plata que - como un talismán - abren tu refugio, sube a la torre y echa al vuelo las campanas, que todos sepan que estás ahí para mandar y se regocijen un siglo tras otro de una Historia que nunca podrán borrar por mucho que se empeñen.